Quando o vento cresce e parece que chove mais”
(“O guardador de Rebanhos”, Fernándo Pessoa)
Recientemente tanto El País como El Periódico han vuelto a poner sobre la mesa el eterno litigio fronterizo por Olivenza. Esta vez, sin embargo, algo me ha hecho reaccionar y ponerme a escribir. Seguramente la posición más comoda sería la de mirar para otro lado, canturrear aquello de “las muchachas de Olivenza/no son como

Estas preguntas me las he hecho antes de comenzar a escribir y, así y todo, creo que tengo el deber moral de dar mi opinión. He tenido la suerte de crecer y desarrollarme como persona en una tierra en la que la sensibilidad por la tradición, la cultura y la lengua propia son muy importantes; y aunque en Cataluña era un “de fora” y en Olivenza “el catalán”, he aprendido que precisamente eso era bueno, que todo sume, y que mi patrimonio cutural sea tan rico –de aquí y de allí- y que sea el mejor legado para mi hijo.
Con esta legitimidad hablaré de Olivenza y de cómo veo la situación respecto a Portugal.
Se puede profundizar todo lo que se quiera en la historia del pueblo, pero para mí son clave seis fechas, que marcan seis hitos en su historia:

1297. Castilla cede la aldea fundada por la orden del Temple a Portugal en el Tratado de los Alcañices.
1298. Don Dinís de Portugal concede la carta foral a Olivença por la que se la eleva a la categoria de vila. Se construyen las primeras murallas.
1668. El Tratado de Lisboa que da la independencia a Portugal, devuelve Olivença a Portugal que había sido recuperada para Castilla años antes.
1801. Guerra de las Naranjas, que acaba con el Tratado de Badajoz por el que se cede a España la plaza de Olivença.
1808. Juan VI de Portugal repudia el Tratado de Badajoz y reclama Olivença para su reino.
1815. Congreso de Viena. Artículo 105 del Acta Final, donde se recoge la devolución de Olivença por parte de España a Portugal. Ambos países lo firman.
Y hasta hoy, que como sabeis sigue siendo española y reclamada sistemáticamente por Portugal.
Creo que que

Además, al mezclarse con la reclamación de soberanía, los sucesivos gobiernos democráticos han dado la espalda al pasado portugués del pueblo.
Así, a principios del siglo XXI, el portugués oliventino ha desaparecido prácticamente (porque los niños no lo hablan desde la década de los 50). El portugués se estudia en la escuela, pero como "lengua extranjera". Sólo lo hablan personas nacidas antes de los años 50; aunque hay jóvenes interesados en saberlo que lo han aprendido como segunda lengua.
Mi propia experiencia es la de haber nacido en el barrio de “la farrapa” (“los harapos”, en portugués), la barriada más pobre de un pueblo pobre de la España gris de mediados de los ’60. De emigrar en busca de nuevos horizontes. De volver cada año a ver a los abuelos: en mi infancia, a “La Sancha” la finca más grande del pueblo y de la que mis abuelos hacían de guardas (“masovers” en catalán) y, después, en mi adolescencia, en el propio pueblo. Recuerdo de pequeño ya en Barcelona cómo algunos familiares hablaban en un idioma lleno de letras “u” que no entendía y que no me gustaba; y cómo cuando iba al pueblo se hablaba de los portugueses como si fuesen distintos al resto de habitantes del pueblo[2] (“niño, ve a comprar la gaseosa a los portugueses!”), así como que la tienda más emblemática del pueblo, en el mismo paseo, se llamase ampulosamente “La Española” (supongo que aún existe). Todo eso no impidió que uno de mis primeros romances fuese con una muchacha de familia portuguesa. Vaya, lo normal en un pueblo lleno de Silvas, Sousas, o Piriz.
¿Y donde me lleva todo esto? Pues sencillamente a pensar en términos culturales y no territoriales. Desde mi punto de vista, que los oliventinos sean nacionales de donde quieran ser (parece que españoles) pero que no se lamine, ni se menosprecien, sus raíces portuguesas, porque cómo canta Raimon, el cantautor de Xàtiva: “qui perd els seus origens, per la identitat” (“quien pierde sus orígenes, pierde la identidad”). La identidad de Olivenza se basa también en su pasado portugués tanto o más que en el español. Sólo con una política decidida de los poderes públicos españoles en el sentido de recuperar el portugués oliventino (dialecto del portugués del Alentejo) y demás manifestaciones portuguesas, se hará justicia a lo que el pueblo ha sido, es y será en la Europa del siglo XXI. Ya lo he dicho: “todo suma”, y yo, como persona y oliventino, no quiero renunciar culturalmente a nada que me pertenezca y enriquezca. Es de mis ancestros y de mis descendientes.
(1) Juan M. Carrasco González, Evolución de las hablas fronterizas lusoextremeñas desde mediados del siglo XX: Uso y pervivencia del dialecto. Revista de Estudios Extremeños, Año 2006 Tomo LXII. Número II Mayo-Agosto, pág 625
Manuel J. Sánchez Fernández: “Apuntes para la descripción del español hablado en Olivenza”, Revista de Extremadura, 23, 1997, pág. 110
[2] Al estilo de los “patois” franceses o “patués” (en catalán), catalanes en un territorio administrativamente de la República francesa (la Catalunya Nord). Ver al respecto "Conversa amb el meu gos sobre frança i els francesos" de Joan-Lluís Lluís. Edicions La Magrana, septiembre de 2002.